Soliman López (1981) es un artista que utiliza las nuevas tecnologías como herramienta principal para sus creaciones, software y hardware como medio de expresión, que conforman una larga lista proyectos que vienen sucediéndose desde el año 2008.

Media art, performance e interactivos son las disciplinas que más emplea para construir su mundo y mostrarlo.

Vivimos en la era digital en donde el archivo digital es el rey, quien manda, si no hay archivo no tenemos nada. Los avances en nuevas tecnologías en las últimas décadas al igual que la democratización de las mismas están conquistando todos nuestros ámbitos, personales y laborales, la línea entre vida analógica y vida digital cada día es más fina.

Así pues, los medios tecnológicos nos permiten salir de las estructuras jerárquicas tradicionales y podemos revindicar nuestro papel como autor – creador, este es el caso de Soliman López, que habiendo estudiado Historia del Arte, se empodera del mismo y con nuevas narrativas gracias al tercer entorno en el que vivimos, crea experiencias estéticas multimedia.

Fundador del “Harddiskmuseum” y otros tantos proyectos artísticos, os emplazo a que visitéis sus espacios virtuales;

http://harddiskmuseum.com/

http://solimanlopez.com/

Atestiguamos que eres un gran artista y además no tiene estudios en Bellas Artes, ¿cómo definirías el concepto de artista?, ¿es necesario tener formación reglada al respecto?, ¿como fue tu acogida en la comunidad artística?.

En un momento en el que la técnica nos supera de manera evidente, estimo que la figura del artista debe centrarse más en la propuesta de una mirada crítica, personal y analítica de la realidad, que en el tecnificarse, que por supuesto es fundamental, pero puestos a priorizar me decanto por la primera que es irremplazable.

Hacer arte contemporáneo es suscribirse a la historia de los estilos, tratando de seguir aportando tu granito de arena al desierto de las estéticas y los conceptos relacionados con lo visual, la inteligencia emocional o la previsión de un futuro incierto en materia social, ética y de pensamiento en general. Esa es, en mi opinión nuestra responsabilidad “gremial”.

La formación hoy en día, es multicanal. El acceso a la información tan magnificado y disponible 7×24, plantea una situación más del “querer” que del “poder”. La formación hoy en día tiene más efecto en tanto y cuanto localización de lo que se quiere buscar. En este sentido, mi formación humanista relacionada con la historia del arte, creo que fue una de las grandes decisiones de mi vida. Me introdujo en el mundo de la creación desde un punto de vista totalmente vocacional, pero construyendo la casa con cimientos muy sólidos y con una base conceptual. Trabajar con tecnologías tiene un gran riesgo funcional, y es que la obra puede envejecer mucho más rápido que la obra plástica o visual “tradicional”. Este concepto lo tenía muy claro desde el principio y entendí que, pese a trabajar con nuevas tecnologías, debía haber en mi obra un fuerte poso conceptual, algo que la hiciera única y personal.

El mundo del arte contemporáneo se vio conmovido por un caso paradigmático en este debate de la formación en Bellas Artes, cuando Damien Hirst se convirtió en uno de los artistas más reclamados de la escena (juicios aparte), se entendió que algo estaba cambiando, que había un “intruso” que no venía de las Bellas Artes y que había llegado para quedarse.

En definitiva, hacer arte no es hacer objetos magníficos, hacer arte es comunicar con inteligencia.

La arquitectura entendió esto hace mucho tiempo. Si el arquitecto está a pie de obra colocando uno a uno los ladrillos o piedras de su pirámide, tardará mucho más tiempo en analizar su obra desde fuera, sus pesos, fuerzas y exoterismos, quedará cansado y desvalido al final de la jornada, sin ganas de coger de nuevo el lápiz.

El arte contemporáneo no es una cuestión de “tocar” la obra, es una cuestión de pensarla y como consecuencia, se abre el abanico de posibles artistas, pues todos pensamos ¿no?.

En cuanto a la comunidad artística, a día de hoy, nuestro trabajo con nuevas tecnologías no goza todavía de la acogida que el arte contemporáneo tiene en general. Pero centrando el tiro del comentario, es una falta de acogida mercantil/coleccionismo. El arte digital se relaciona con el lo intangible y en este punto, el coleccionista tiene mucho prejuicios todavía. Respecto a la comunidad de compañeros artistas, me siento uno más, soy un artista contemporáneo que utiliza sus herramientas, las que entiende y de las que cree saber extraer su poética.

¿Podrías resumir en pocas palabras que es Harddiskmuseum, como empieza y en que punto se encuentra ahora?.

El Harddiskmuseum es un museo en un disco duro con obras de arte digitales de las que su única copia se encuentra en él. El proyecto, fundado en el 2015, recogía mis inquietudes respecto a la idoneidad de algunos formatos culturales y por supuesto y principalmente, como homenaje a nuestro soporte por excelencia, el archivo digital. Toda obra digital o relacionada con las nuevas tecnologías, depende de una u otra forma de un archivo digital, el fotógrafo depende de sus archivos tipo .tiff o .jpg, el video artista de sus .mp4 o .avi, el programador de sus .pda o .html y así podría seguir hasta describir decenas de formatos.

En este análisis, identifiqué varias cosas. La institución estaba casi arrancando en este entendimiento, sin estrategias propias para su gestión, y sobretodo y más interesante…no existía en el mundo un museo dedicado a los archivos digitales.

La elección del soporte era evidente, los archivos digitales viven en discos, un pequeño museo “high tech” en la palma de tu mano.

Todo cuadraba y a día de hoy somos más de 60 artistas de 15 nacionalidades. Actualmente estamos trabajando en nueva interfaz visual tridimensional para crear eventos no sólo en museos y centros de arte en general, si no para crear una experiencia propia en la red. El museo será abierto puntualmente y con ciertas premisas ya que no se encuentra permanentemente online, si no que hay que conectar el disco para que se abran sus puertas. La interfaz la estamos creando junto a Alberto Roca, alumno recién egresado de ESAT, Escuela Superior de Arte y Tecnología, desde donde propuse el proyecto en mi departamento de innovación.

Entre las últimas incorporaciones al museo se encuentran las de Fito Segrera, artista colombiano director del innovación en el Chronus Art Center (centro de arte Chino donde recientemente presenté el proyecto “Floating Bones”), Julia Puyo, artista española afincada en Paris y en breve, anunciaremos la presencia de Jonathan Monaghan, artista digital de Los Ángeles.

El próximo paso es amplificar la experiencia de acceso al museo, todo un reto tratándose de un formato nuevo que que no tiene “lógicas” de comportamiento asimiladas con el paso del tiempo, si no que las estamos creando por el camino.

En tus piezas artísticas nos encontramos ante una interacción entre obra y espectador. ¿Porqué es importante esta interacción?.

El espectador en el siglo XXI, es un espectador activo, y ya no sólo mentalmente como ocurría en las vanguardias o el resto de arte en general, si no que también su cuerpo, gestualidad e incluso trazo digital (sus movimientos en la red), son parte de su relación con la obra.

Esta cuestión, es consecuencia de nuestro día a día, no olvidemos que el arte con nuevos medios utiliza un canal que ya está creado, que es el de las comunicaciones y la tecnología, por lo que comparte sus lógicas de uso y funcionalidad.

En mi caso el espectador es la pieza que falta para que la obra se concluya. En lo digital, más que en ninguna otra manifestación, la persona es fundamental, la obra no funciona si no es con su presencia. El arte digital no existe sin una representación que lo muestre y para ello el ser humano debe “gatillarlo”. La interacción es importante por tanto en este juego de cierre de circuitos, sin ella no hay conexión y el circuito queda abierto e inconcluso.

En cierta medida, cuando una obra llega a un público, es porque ha habido una conexión bidireccional o lo que Gadamer llama “juego”. En el caso de la obra con nuevos medios, este juego es aún más evidente y provocador, incorporando al usuario en la obra y viceversa, ya que que en ocasiones, el espectador también se lleva algo a cambio.

En definitiva, la interacción con la obra es una cuestión inherente al medio de trabajo con el arte y la tecnología.

Tu obra ha viajado por muchos países, ¿cómo ha sido la acogida de la misma?.

Sinceramente muy buena. He tenido la suerte, y sigo teniéndola (respondo a esta entrevista desde Córdoba, Argentina) de que mi trabajo se ha ido entendiendo de una manera muy positiva ya que suelo volver a donde fui alguna vez, lo que me llena de orgullo sabedor de que de alguna forma vas dejando poso con tus planteamientos y trabajos.

Hoy en día la comunicación nos ha alineado en ciertos pensamientos y es impresionante como en diferentes lugares del mundo se llegan a las mismas conclusiones en estos ámbitos independientemente de las realidades sociales que subyacen en cada ubicación, una prueba irrefutable de que la investigación que estoy llevando a cabo va por buen camino. Cada viaje es un descubrimiento y por ello me siento tremendamente afortunado. Vivir del arte, no es solamente construirse una casa fruto del valor monetario de tu obra. Vivir del arte es tener la sensación de estar alimentado del fruto de tu pensamiento y las consecuencias vitales del mismo. Al fin y al cabo, vivir una pasión genera un modo de vida, y eso lo inunda todo.

Es cierto que localmente siempre tienes una menor aceptación, los circuitos cerrados se pudren y se hacen endogámicos con cierta facilidad, lo que deja y excluye a otros. No es que sienta un rechazo, pero si siento una mayor curiosidad por mi obra fuera de las fronteras españolas. Lo malo de este comentario es que es generalizado.

Al margen de la belleza estética que pueda encontrar el visitante en tus piezas, ¿cuáles son los mensajes que quieres transmitir?.

Mi trabajo en ocasiones “peca” de ser algo críptico. Cuando operas desde un punto de vista muy profundo es difícil acercar la herida al espectador. En este sentido, me siento algo egoísta y confiado. Confiado en que el que tiene verdadero interés por el pensamiento va a profundizar en la obra. Esta cuestión es compleja en los días que corren, donde tocamos todo por encima y metemos poco el dedo en las heridas.

Egoísta porque le doy a la obra lo que necesita, no al público.

Independientemente de este “escalón” poco ergonómico, mi trabajo trata de analizar desde un punto de vista funcional y procesal las realidades que conforman lo digital, sus lógicas y pensamientos provocados.

Vivimos en una sociedad donde todo lo tecnológico, funciona, filosóficamente ya no estamos acostumbrados al fallo. Si tuviéramos un coche que nunca se estropea, no abriríamos su capó. Nos perderíamos sus tripas y mecánicas. Cuestión que está ocurriendo en la actualidad con la tecnología. En los tiempos que corren, la tecnología para un usuario medio es interfaz, pero los procesos poéticos que están detrás de la misma son increíbles. Me sigo sorprendiendo de la poética que tiene el envío y recepción de un fax por ejemplo. Es un proceso mágico que hemos naturalizado, pero sin duda tiene una poesía implícita que es digna de analizar o recabar en ella. Aún así, cada obra tiene sus mensajes específicos. En la actualidad estoy analizando de manera profunda el significado del cuerpo, físico y metafísico en la era digital.

En los últimos años ha crecido el número de prosumidores y ahora se convierten en proam, ¿el mero echo de tener nuevas tecnologías a tu alcance ya te convierte en artista?, ¿cuál es el camino previo que deben hacer?.

Yo tengo la impresión de que hay gran parte de la producción actual que se encuentra excesivamente mediatizada por las tecnologías y las estéticas, que por defecto esta ofrece. Esta situación está desmejorando mucho la escena, ya que cada vez la gente tiene más formación en muchos softwares creativos y el concepto de Pro-am y la proliferación de código que este provoca a través del Open Source, está multiplicando las opciones visuales e interactivas en la red. No partimos nunca desde cero, ya que todo es una mejora o actualización de algo que existe, lo cual sigue apoyando más si cabe mi posición conceptual ante el asunto.

El mero hecho de de tener nuevas tecnologías a tu alcance te convierte en un individuo cercano a ellas, pero nada más, igual que el hecho de estar cerca del campo no te convierte en un campesino. La tecnología hoy está al alcance de casi todos, pero como comentaba, la clave está en saber qué buscar y tomar decisiones. Hoy se puede llegar al mismo punto desde diferentes softwares y lenguajes de programación. En mi caso, a veces, me siento abrumado por la multiplicidad de opciones disponibles. Se genera una suerte de sensación de “querer saberlo todo”, pero es muy literalmente, imposible. Creo que la relación artista-pensador y tecnólogo-programador, es un tándem de producción muy potente.

Convertirse en artista en el siglo XXI no es una cuestión de tecnificarse, es más bien una cuestión de entendimiento de nuestro entorno (físico y virtual) y su puesta en escena de manera exitosa bajo los parámetros del “crear algo”, añadiría además “nuevo”.

Por este motivo, el camino previo es un camino filosófico y de interiorización de la poética digital.

En mis discursos al respecto, comienza con la palabra poesía. Localizar esa poesía en lo que haces te conecta con tu interior y tu verdad y así es más fácil defender tu realidad artística, esa que te acompaña por siempre y de la que tú sólo eres capaz de soportar el peso. Es, como decía, emocionarte al ver salir el papel por el fax, aquel que fue enviado desde miles de kilómetros de distancia y se presenta airoso ante tí. 

Todos conocemos de las dificultades que vive actualmente el arte, especialmente al media art, ¿a que crees que se debe esta circunstancia?.

Bueno, en términos históricos, todas las vanguardias han sufrido el famoso “decalage”. En el caso de los nuevos medios es algo más hiriente, ya que pese a lo que el público general piense, el arte con nuevos medios tiene una historia muy extensa. Estamos hablando de más de 30 años de producción bajo los preceptos de la cinética, la interacción o el trabajo con los medios de comunicación.

La problemática radica en que la construcción de una obra de arte fácilmente adquirible basada en lo digital es muy compleja. Los nuevos medios se están cada vez relacionando más con ese arte espectáculo y experiencial, en producciones a gran escala que las alejan del coleccionista. Esto está generando un falso consumo de los nuevos medios, ya que se están introduciendo en el imaginario colectivo del arte, pero realmente no hay un consumo por parte del mercado o consumidor final de arte (comprador, que no espectador).

Mi trabajo se desarrolla de manera muy exitosa en festivales, bienales, centros de arte y tesis doctorales, pero tiene muchas dificultades para navegar airoso por el mercado del arte, que sigue pretendiendo la obra inmortal e imperecedera.

Este discurso ya se abordó fuertemente con la irrupción del video arte en las ferias de arte contemporáneo y a día de hoy sigue siendo difícil hacerle ver a un coleccionista que lo digital es una experiencia y que tiene un valor igual que el metal.

Finalmente todo se autorregulará. Nuestra cultura está ya generando de manera autónoma mecanismos de autocontrol. La realidad virtual y su consumo, por ejemplo, es una muestra de ello. Ya conseguimos experiencias saciantes desde lo virtual, lo cual nos aleja del consumo concreto objetual. Lo mismo ocurrirá con el arte y la tecnología, pero todavía estamos algo lejos. 

La investigación, tan necesaria en muchas áreas es parte importante en tu trayectoria, al igual que las charlas, conferencias y workshops que impartes, ¿consideras necesario mayor presencia de investigación y workshops de media art en España?

En materia de investigación, comunicación y aprendizaje, todo siempre es poco.

Pienso que el trabajo que estamos haciendo, más allá de enclavarse dentro de los circuitos del arte, es un trabajo que también aporta gran valor al entendimiento de nuestros propios cambios sociales, y para ese objetivo, el arte es un herramienta magnífica.

Así que la respuesta a la pregunta, es sí, sobretodo en cuanto a formación.

La formación relacionada con nuevas tecnologías tiende a una tecnificación, cuestión que el alumno de hoy en día puede llevar a cabo casi de manera autodidacta. Lo importante es que los profesionales y las programaciones universitarias, se centren en una revalorización humanista de lo que significa la tecnología en la evolución humana y en la sociedad del futuro, para que de este modo, puedan de manera creativa otorgar contenidos de valor a sus producciones.

En cuanto a la investigación hay grupos muy interesantes en la Universidad de Valencia, Cuenca y Madrid por citar algunas ciudades. El gremio es pequeño pero hay grandes profesionales del sector en nuestra geografía.

En cualquier caso, creo que lo importante es que se normalice la práctica artística relacionada con los nuevos medios y que ésta, ocupe un lugar legitimado dentro del arte contemporáneo, dejando de tener que autodenominarse como una práctica de la periferia. 

UAS (Updated Art Studio) es tu centro neurálgico, donde se gestiona y se crea todos tus proyectos, cuentas con ingenieros, programadores, diseñadores y comunicadores entre otros, disciplinas distintas dialogan entre ellas para un fin común, ¿tendríamos que tener más presente a otras disciplinas para que puedan enriquecer nuestros proyectos?.

Cada proyecto tiene sus propias exigencias. En mi práctica habitual suelo abordar en cada ocasión técnicas diferentes, siempre estamos abriendo nuevas puertas y utilizando nuevas herramientas.

En este sentido, claro, surgen perfiles muy diferentes que van desde la ciencia, la física o incluso la astronomía.

Estos perfiles aportan una mirada muy interesante a los planteamiento y decisiones lógicos de las piezas, siendo a su vez, parte fundamental del engranaje.

Lo digital tiene implícito lo colectivo, el doble canal y la relación multinodal, que también es una práctica muy beneficiosa en la propia producción de la obra.

Yo entendí pronto que lidiar con mi obra era compartirla, abrirla a colaboraciones y establecer un camino de ida y vuelta con tu equipo de trabajo. Y es que nadie dijo que conseguir hacer arte era fácil, así que cualquier ayuda es poca.

La sociología o psicología por ejemplo, son disciplinas que también aportan muchísimo valor a nuestras producciones, ya que, como dije anteriormente, al final se trata de entender qué está pasando y comunicar tu opinión. 

Después de este año 2018 en el que has estado muy activo, ¿cómo te planteas el próximo año?, ¿tienes abiertos nuevos proyectos?, ¿giran entorno a?.

Por suerte la maleta no para, tras mi proyecto en Argentina, en las ciudades de Córdoba y Rosario, inauguro una pieza en la fachada del edificio EP7 de Paris, en octubre. Noviembre vamos a Nueva York para intervenir la que será la mayor serie de pantallas interactivas de la ciudad y en el 2019 estaremos presentes de nuevo en Brasil, Inglaterra, Francia, España (en Enero inauguramos en CEART, Fuenlabrada), Portugal, Mexico, Colombia y China, país donde se han abierto grandísimas oportunidades tras el proyecto de Abril de este año.

Conceptualmente sigo abordando las problemáticas relacionadas con el concepto del ente e individuo en la era digital. La desmaterialización del cuerpo y el advenimiento de nuevas estéticas corporales, la aplicación de los datos a esta nueva interfaz tecno-biológica y la relación que tenemos con la inteligencia artificial y su mirada al arte y la realidad. Estas son algunas de las claves de los próximos proyectos en los que estamos ya trabajando.