Hoy me he levantado con cierta melancolía, tras un café cargado lo único que me apetece es escuchar “Hurt” de Johnny Cash, y como una cosa lleva a la otra, por mi cabeza comienzan a pasar nombres como Harry Crews, Larry Brown, Mark Richard, Jim Goad. Todos publicados en España por la editorial Dirty Works, nacida en el año 2014 del encuentro de Javier Lucini, escritor y traductor, y de Nacho Reig, realizador de documentales y escritor.

  1. M. ¿Quién es Javier Lucini?

J.L. Buena pregunta. Creo que soy yo. Pero no estoy muy seguro. Hay indicios de que es así. Lo pone en mi buzón, por lo menos en el buzón que se corresponde al sitio donde vivo, a la puerta en la que encaja la llave que suelo llevar en el bolsillo. De vez en cuando me llega correspondencia a su nombre, sobre todo facturas, así que sí, me temo que soy yo. Pero llámame mejor Legión, porque somos muchos.

P.M. ¿Cómo nació la idea de crear Dirty Works?

J.L. Lo hemos contado muchas veces. Del tedio y del hartazgo. Al final fue un acto de puro egoísmo. Para gozar y carcajearnos. Una buena mañana decidimos dejar de ir a misa. Dejar de comulgar. Éramos un poco temporeros, muy a lo personaje de canción de Woody Guthrie, cada uno en lo suyo. Digamos que un día nos hartamos de recoger manzanas para otros. Además, el alcohol que nos vendían en la tienda del economato era malo y bastante caro. Un timo. Así que decidimos mandarlo todo al carajo y destilar nuestro propio whisky. Incluso, al principio, barajamos el lamentable nombre de «Alambique». Pero nos decidimos felizmente por Dirty Works, porque entendimos claramente que alguien tenía que hacerlo, el trabajo sucio, me refiero.

P.M. ¿Háblanos de tu compañero de editorial, Nacho Reig?

J.L. Siempre ha vivido en el rancho de al lado. Nos llevamos saludando de mecedora a mecedora desde hace más de veinticinco años. Nos hemos aguantado los blues de cada cual en multitud de ocasiones: mujeres, decepciones, heridas, traiciones… Su caballo a veces se come mi maíz, pero mi perro ya le ha matado varias gallinas, así que más o menos estamos en paz. Somos como los dos viejos vaqueros de ese cuento de Sam Shepard incluido en El gran sueño del paraíso. Algo parecido a dos reyes del rodeo retirados y magullados que se cuentan viejas historias en el porche, aplastando latas de cerveza, hasta que alguien tiene la bondad de decirnos que paremos y entremos a cenar algo. Ni compañero, ni hostias. Mi puto hermano.

P.M. Desde el principio la línea editorial de Dirty Works es muy clara, literatura sureña en todas sus variantes, siendo la más conocida el gótico sureño cultivado por William Faulkner, pero con otras menos conocidas por el público español. ¿Podrías darnos un breve esbozo de cuáles son esas líneas?

J.L. En realidad no hay nada premeditado. No hay líneas. Puede que alguna raya de vez en cuando, porque el mundo es ancho y ajeno y a veces con la cerveza y el bourbon no basta. Pero sí, al final la cosa se va haciendo a sí misma. Hay mucho Sur, aunque Bonnie Jo Campbell sea de Michigan y Alan Heathcock de Chicago. Al fin y al cabo todo es o acaba siendo el sur de algo. Siempre hay un norte canónico y unionista. Novelas de salón. Nosotros somos más de la estirpe de Huck. Secesionistas. Literatura sin calzar. Solitaria, desnuda y sucia. «Grit Lit» es el término con el que una señora quiso bautizar una vez a este tipo de literatura. Literatura de bota llena de barro. Sangre, sudor y cerveza. De dejarle las llaves del coche al camarero, porque sabes que como vuelvas a casa en ese estado se acabó el cuento.

P.M. Algunos de vuestros autores estrella son Harry Crews o Larry Brown, autores poco conocidos en España hasta la irrupción de vuestra editorial. ¿Crees que abrir nuevos caminos es algo fundamental en la realidad literaria de nuestro país?

J.L. La verdad es que nunca nos planteamos nada en esos términos. Puede que suene presuntuoso, pero nos da exactamente igual la realidad literaria de nuestro país (de cualquier país). Que cada cual se estrelle como quiera. Nosotros nos limitamos a publicar lo que nos gusta. Otros tiran por lo nórdico, lo nipón, lo posmoderno, las páginas de colores o la tapa dura. Todo suma, hasta lo que resta (puede que lo que reste sea lo que más sume, a fin de cuentas). Además, lo nuestro no es nada nuevo. Son caminos trillados. Es la vieja literatura sucia de toda la vida. Anagrama en su día nos la brindó. Y fue la felicidad. Pero el mundo se fue volviendo cada vez más profiláctico. No sé. Nuestros autores hasta en su país son prácticamente desconocidos. Incomodidad o simple ignorancia, tal vez incluso desprecio. El canon es así, señora. Aparte, casi todo lo que publicamos tiene más de veinte años. Ahora se ha producido un pequeño «revival». Imitadores y ventajistas. Pero no sé yo lo que durará. Lo mismo acabamos en el mismo basural donde acabó la novela negra nórdica o el terror japonés en su día. Pero lo que sí te puedo asegurar es que nosotros, antes de intentar salir de ahí con clásicos ilustrados, testimonios de gente inmunda o cuadernos de vacaciones, cerraremos el tenderete y nos iremos con nuestra fiesta a otra parte.

P.M. Cada vez sois más reconocidos por tener unas señas de identidad muy definidas: el diseño editorial de vuestros libros, las cuidadas ediciones, las especiales preventas que incluyen regalos y vuestras presentaciones. ¿Qué importancia le darías a cada uno de estos elementos a la hora de vender un libro?

J.L. Creemos que es fundamental. Al final se ha formado una especie de familia y nos gusta cuidar de ella. También es cierto que como liliputienses que somos, nuestra única arma, nuestra honda contra los Goliat, es cuidar al máximo el producto en los aspectos que los Mastodontes suelen descuidar. Imprenta, diseño y traducción. Sin escatimar. Tiene que entrar por los ojos, ser un oscuro objeto de deseo.

P.M. Ahora me gustaría que nos paráramos en uno de los fenómenos literarios que ha provocado Dirty Works. Creo que ya te estarás imaginando que voy a preguntarte sobre Jim Goad y su libro Manifiesto Redneck. Para los que no lo conozcan Jim Goad es un autor marginal y muy controvertido, que en la actualidad vive en una auto caravana. En la actualidad vais a publicar la cuarta edición. Me gustaría que nos contaras cómo os acercasteis a este autor, si la decisión de publicarlo fue complicada y, por último, si os esperabais semejante reacción del público ante un libro que ya originalmente se publicó en 1997.

J.L. La decisión no fue nada complicada. Es un libro que descubrí hace años y que siempre había querido publicar. Lo encontré en City Lights. No tenía ni idea de quién era el autor. Me reí como un cabrón al leerlo. Luego me fui enterando de toda la historia, de los cuatro números del Answer Me!, de la escena underground de Seattle, de aquel texto que salía en el segundo volumen de la cultura del Apocalipsis de Adam Parfrey que publicó hace ya tiempo Valdemar (sin levantar ninguna ampolla), del Trucker Fags In Denial (Camioneros maricas en la edición de Cabezabajo Ediciones, aquel cómic con dibujos de Jim Blanchard, ilustrador y dibujante que había colaborado en los últimos números de la serie Odio de Peter Bagge, del que nadie se enteró) y de la admiración que le profesaba Chuck Palahniuk. A un amigo chicano se lo recomendó un amigo nativoamericano que le había dicho que el Manifiesto era fundamental para comprender lo que estaba pasando (en el 97) y poder unificar fuerzas y objetivos, y hemos hablado mucho del libro. Cosas con las que estábamos más o menos de acuerdo. El contacto con Jim Goad fue increíble. Ni él mismo sabía quién tenía los derechos… Fue todo rodado. Muy fácil. Y para nada nos esperábamos el éxito (éxito en términos muy relativos, nuestras ediciones son de mil ejemplares). Ha habido gente que lo ha instrumentalizado para librar sus propias batallas (muchas de ellas ajenas al libro) y la polémica, bastante ínfima, la verdad sea dicha, le ha dado más visibilidad (al libro y a la editorial), lo que nos ha venido, sin pretenderlo, de perlas. Goad es un provocador nato y un personaje bastante incómodo. Muchos han descalificado el libro, probablemente sin leerlo, por el autor, por sus sombras. Ex-convicto por violencia de género, entre otras lindezas. No defenderemos lo indefendible. Tenemos un par de haters persistentes en twitter. Con sus tuits de dos o tres Me Gusta y mucho matojo rodante de cosas peregrinas que han leído por las redes. Pajilleros de la indignación. Mucho copia y pega de blogueros enojados. En fin, ¿qué te voy a contar?: Twitter. Shit Magnet. No estaría mal que lo leyesen, para poner un poco las cosas en su sitio. Claro que también se nos ha acercado gente indeseable desde el otro lado, desde la derecha más pestilente. Hay mucho odio y mucha destrucción. Y muchas risas. Muchos despropósitos. Poca cintura. No veas la campaña de publicidad que nos ha hecho Donald Trump sin pedírselo… Nosotros lo vemos todo desde el palco, como aristócratas ebrios y decadentes. Ya bajaremos luego a despojar los cadáveres y a adueñarnos de sus muelas de oro. Ahora estamos leyendo un manifiesto escrito desde arriba, desde el Norte, con la misma sorna, la otra cara de la moneda (supongo que indignará a los «otros»); si decidimos publicarlo, ya veremos quién nos impreca. Solo una cosa más, Jim ya no vive en una autocaravana. Hace poco se mudó a una casita muy de «riviera redneck». Sigue odiando fuerte y soltando exabruptos desternillantes.

P.M. Vuestro catálogo sigue creciendo a un ritmo interesante, en la actualidad lo componen quince volúmenes que abarcan el relato, la novela y el ensayo. ¿Tenéis pensado tocar otros géneros?

J.L. Ni con el palo de una escoba.

P.M. En algún momento, con una línea editorial tan marcada, habéis pensado en salir de la literatura sureña.

J.L. Como ya te dije antes lo nuestro no es, para nada, geográfico. Es más un tipo de literatura, un tipo de historias, un tipo de gente. Y no hay nada pensado. La cosa va saliendo. De repente, un extraño.

P.M. Javier, en muchos de los libros tú eres el traductor. ¿Qué dificultades encuentras a la hora de traducir un lenguaje tan específico como es el de estas novelas?

J.L. No es fácil. Muchas veces he pensado que probablemente ese dialecto tan específico es uno de los motivos por los que se ha traducido y leído tan poco este tipo de novelas. Por la dificultad que entraña trasladarlo a nuestro idioma sin que suene a chiste de andaluces o extremeños ignorantes. Lo bueno es que, por defecto o virtud, gracias a esa misma especialización, al final uno le va cogiendo el tranquillo y la dificultad inicial se suaviza. Como sabes, somos muy de política de autor. Regresamos constantemente a ellos y, al final, hay una cierta familiaridad. Con los vivos la familiaridad va más allá. Hay mucha conversación y muchas cervezas compartidas. Mucha complicidad.

P.M. En muchas ocasiones la labor del traductor se ve mediatizada por la editorial para la que trabaja. ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene ser a la vez editor y traductor?

J.L. La ventaja es que no tienes que matar ni pedir cuentas a nadie. El inconveniente es que el traductor le quita tiempo al editor y viceversa. Y hay una relación de poder desequilibrada y esquizofrénica que a veces se salda con violencia. Al principio, para sacar esto adelante, ni siquiera me pagaba. Me explotaba y me imponía plazos imposibles. Me odiaba y hablaba mal de mí a mis espaldas. Hacía huelga de mí mismo. Ahora ya nos llevamos más o menos bien. Nos toleramos. Hasta nos saludamos en el ascensor.

P.M. Una de vuestras singularidades es vuestro Dirty Works Medicine Show, para quien nunca haya estado en una de vuestras presentaciones, ¿qué ofrecéis al público para atraerlo? ¿Consideras que es importante innovar para que los posibles lectores se acerquen a la presentación de un libro?

J.L. Básicamente: alcohol. Es el viejo truco de los Medicine Shows. Emborrachar al personal y venderle luego el mágico elixir del crecepelo. En cualquier caso, no creemos en las presentaciones. Presentar una novela nos parece un poco ridículo. Destripar el libro para que los que ya se lo hayan leído se aburran y los que no se caguen en tus muertos… no le vemos mucho sentido. Además, como no hay ninguna vanidad que satisfacer porque nuestros autores están lejos o a varios metros bajo tierra no es que nos sintamos obligados a hacer el paripé. Así que lo que hacemos es más bien juntarnos para beber y charlar. Son más bien fiestas. Música y bourbon. Para que nos dé un poco el aire y salir un poco del rancho…

P.M. Si por algo destaca también vuestra editorial es por el uso de las redes sociales. ¿Qué importancia crees que tiene en un mundo dominado por las pantallas como el actual?

J.L. Crucial. Y por el motivo más remoto, el motivo original: el mero hecho de compartir y poder sentir la alegría y el entusiasmo que eso implica. Vendemos libros, de acuerdo. La red es un escaparate y las cervezas no se pagan solas. Pero puede ser algo más. También se trata de hacer comunidad. De ahí los dos blogs de nuestra web: series y música. Historias, en general. Es como una extensión del porche de nuestros ranchos. Antes todo era muy del relato de Shepard del que te hablaba antes: los dos solitarios enamorados de la misma camarera: el único horizonte era el bar. Literatura de moscas de bar, con permiso de Hank. Yo compartía con Nacho mis desvelos (presentándome ante su puerta con un pack de seis) y él solía irrumpir en mi salón (a veces sin llamar) con sus paranoias (y un pack de seis). Y todo quedaba ahí, en cuentos a la luz de la lumbre con sonido de grillos y lo mismo un coyote. Tampoco es que nos hiciera falta mucho más. Las redes nos han permitido abrir las ventanas y airear un poco la casa. Sacar el perro a pasear. Saludar a los extraños. Contar con cómplices en distintos pueblos, como la Wild Bunch de Butch Cassidy, que nunca viene mal.

P.M. Si hay algo que llama especialmente la atención es la interacción de vuestros lectores, el grado de implicación es tan alto que comparten fotos con vuestros libros y merchandaising como seña de identidad. ¿Os consideráis una marca o representáis más bien una forma de vida con la que es fácil identificarse?

J.L. Al final hemos creado algo parecido a una marca, es verdad. De repente alguien va y nos dice: «Esto es muy Dirty», como quien recurre a lo de esto es kafkiano o muy de Fellini. Y eso nos emociona. Significa que hemos logrado hacer una pequeña muesca. Pero lo vemos más como una forma de vida. Una forma de vida que no es otra que la que hemos estado viviendo desde siempre, con más o menos acierto. Y no sé si será fácil o difícil identificarse con ella. Hay gente que lo ve claro. Y hay gente a la que no le interesa en absoluto lo que hacemos. Al principio éramos pocos, pero la cosa ha ido creciendo. Y probablemente tenga un techo contra el que nos terminaremos dando un buen cabezazo. Pero tenemos cascos.

P.M. Puedes hablarnos de vuestro próximo lanzamiento Salvación en Sand Mountain de Dennis Covington.

J.L. Es nuestro segundo ensayo. Manipuladores de serpientes en los Apalaches. Predicadores alcohólicos y exconvictos, misas oficiadas en sótanos de moteles abandonados y viejas gasolineras reconvertidas, punteos de guitarra eléctrica, panderetas, carreteras secundarias y espíritus atrapados en botellas de colores.

P.M. Dirty Works no deja de moverse en ningún momento. ¿Cuáles son vuestros planes de futuro?

J.L. Matar al verraco, llamar a Macaulay Culkin, encender el fuego y acercarnos a la tienda a por más cerveza.

http://www.dirtyworkseditorial.com/

 

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Pablo Malmierca
Licenciado en Filología Hispánica ejerce su profesión como profesor de educación secundaria en institutos públicos de Castilla y León. Ha participado en distintos grupos de investigación de la Universidad de Salamanca, donde ha impartido cursos y conferencias. Miembro del Seminario Claudio Rodríguez de Zamora. Como poeta ha publicado dD, Piediciones, 2016, y No comas mi corazón, Piediciones, 2017 y ha sido incluido en numerosas antologías, blogs y revistas electrónicas. Como narrador ha publicado Catálogo de terrores domésticos, 2017 en Piediciones; y como antólogo ha elaborado Valladolid. Voces de Vanguardia, Piediciones, 2016. Co-fundador y co-editor de la revista de literatura Intercostal. Ha formado parte del equipo de Piediciones desde agosto de 2017 hasta agosto de 2018. Además es presidente de la Asociación Castellano Leonesa de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Director y conductor del programa de radio "Esquirlas de aire", que se emite de forma quincenal en Radio Oasis de Salamanca, programa centrado en la poesía y la música. Ha participado en numerosos recitales tanto individuales (Viernes de Sarmiento, Encuentros del antiguo instituto Jovellanos de Gijón, L'Ekole Poetique,etc.). De entre las antologías en que aparece destacan: Poetas hipocondriacos, ediciones liliputienses o Anónimos 2.3 publicada por el festival de poesía Cosmopoética.