En estos últimos años hemos visto crecer exponencialmente el número de ¿escritores? Ahora parece que todo el mundo escribe, con la justificación vana y estéril que es algo que llevan dentro.

Si claro, si dentro llevamos todos algo, la cuestión es, ¿porqué ahora?

Todo está de moda y la literatura no iba a ser menos, la autoedición funciona, pero debemos reflexionar por que utilizamos esta y no otra forma habitual de publicar nuestros libros, es decir, con un editor por medio que avale la páginas que presentamos ante el lector. ¡Vaya dicotomía!

Publicar un libro hoy en día puedo asegurar que no es nada difícil, si tienes dinero, tienes libro en el mercado. Claro está que hay que defenderlo ante el público y son muy pocos los que obtienen un aprobado y más difícil aún, un sobresaliente. 

Para muchos apelar a la literatura experimental se convierte en algo cada día más frecuente, una forma de engaño que no se sostiene por ningún lado.

Por qué la literatura experimental amenaza la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la concebimos (Jekyll & Jill, 2018), puede presumir de tener uno de los títulos más largos de los últimos tiempos, pero no nos engañemos, este libro es un ensayo que le dedica el autor a Jonathan Franzen como respuesta al término “elitismo” en un artículo suyo sobre William Gaddis titulado “Mr.Difficult”.

A las páginas de este libro se le añade “Mis pinitos en pedantería” a cargo de Rubén Martín Giráldez, quién nos da una suculenta propina literaria en pos de aclarar las palabras de Ben Marcus y haciendo un paralelismo sobre un caso español.

Dos grandes autores en una misma edición y que por supuesto sugiero su lectura para un mejor entendimiento sobre lo que ocurre en la literatura.